Las huelgas y protestas callejeras no sirven para nada


Estar en disidencia de una corriente de pensamiento imperante de una decisión política, de un movimiento pujante que se yuxtapone a nuestro status quo es en sí misma una de las libertades del ser humano: la libertad de ser y de pensar.

Ahora bien ¿Es la libertad de ser y de pensar lo suficientemente grande como para legitimar que las muchedumbres presionen de forma tajante y contraria a los que estas hordas se oponen? ¿Es saludable y beneficioso para el ser humano y las democracias las manifestaciones callejeras? ¿Se pierde o se gana algo con manifestarse en las calles? ¿Son realmente efectivas las protestas callejeras?

Hay quienes son de la idea de que las democracias tienen en las protestas o manifestaciones callejeras un buen contrapeso contra las decisiones de la clase política quienes son en fin de cuentas los que gerencian el aparato opresor del Estado.

El mismo padre del comunismo científico Karl Marx describió que las masas unidas no buscan otra cosa que el poder mismo. Y para ello rivalizan con la clase dirigente (política) en búsqueda de sus objetivos (1).

Las ideas políticas y concepción del mundo y de la economía por parte del matrimonio Marx – Engels están equivocadas en el tanto en que son ideas falsas-como ya traté este tema en un artículo anterio-; pero algunas de sus ideas pueden ser utilizadas para comprender el funcionamiento de las masas, organizaciones callejeras y protestas, puesto que en eso se basa el comunismo: en su incesante interés por el conflicto.

¿Qué significa lo anterior? ¿Suena comunista? Bien, vamos al grano.

Si algo define a la perfección a la izquierda es que su campo de batalla por antonomasia es la calle, la protesta, la lucha, el desorden, el autoritarismo reaccionario y la ignorancia.

Las manifestaciones callejeras y las revueltas no son acordes al pensamiento liberal. Los liberales no utilizan otra herramienta para el cambio que su pensamiento y los instrumentos que las democracias liberales han constituido. Uno de ellos es el sufragio, y el derecho u oportunidad que tiene toda persona a competir en la vida política.

Todas las revoluciones históricas han demostrado que la muchedumbre se ciega, al grado de cometer atrocidades y finalmente suplanta el antiguo régimen por otros inclusive peores. La Revolución Francesa generó el gobierno del terror, para finalmente caer en un sistema socialista y luego caer súbditos de otros hombres ambiciosos como Napoleón.

Justin Trudeau Presidente de Canadá durante una manifestación del orgullo LGTBI

La revolución bolchevique rusa generó millones de muertos, y la imposición de un régimen comunista que aniquiló de hambre a millones de personas. La revolución cubana evolucionó en la dictadura más longeva de América. La revolución chavista de igualdad y de redistribución de la riqueza convirtió a uno de los países más ricos de América, en el más miserable.

Entonces ¿Se logra algo en las manifestaciones callejeras? Mi tesis es que no. No porque el ser humano es por naturaleza ignorante y a la vez está inclinado en caer en las adulaciones y mentiras de quien tenga al frente. El ser humano ama creer.

En 2018 en la Argentina se realizaron multitudinarias marchas y manifestaciones callejeras de millones de personas unidas por la misma causa: estar en contra del aborto.

Estos millones – que en el caso argentino son mayoría- parecían estar todos conscientes de que la lucha para frenar la aprobación del aborto debía llegar a las elecciones y reflejarse en el voto. Pero, ¿Qué ocurrió? Lo mismo de siempre. Los millones que lucharon contra el aborto, fueron los mismos que votaron a los candidatos políticos que están en favor del genocidio de niños. ¿Cómo se explica eso? Sencillo: el ser humano es irracional.

Marcha pro vida en Buenos Aires, Argentina

Si esas masas hubiesen sido congruentes con su pensamiento en contra del aborto, jamás habrían votado a candidatos que prometen aprobar el aborto sí o sí. Partimos de diferentes puntos y llegamos al mismo sitio. La gente ama creer y odia comprender y en ello radica su incongruencia.

En Costa Rica durante el año 2017 y 2018 se realizaron marchas multitodinarias en contra del aborto y de la ideología de género. El resultado fue exactamente igual en las elecciones: esa misma gente terminó votando al candidato abiertamente en favor del aborto y de la ideología de género. ¿Qué pasó en este caso? Las masas se dejaron seducir por el sentimiento de odio contra otro candidato presidencial que estaba en contra del aborto y de la ideología de género; pero para mala suerte de éste, profesaba una religión diferente a la que posee las masas.

Estos son solo dos ejemplos de cómo las masas llamadas a manifestarse en las calles son absoluta y completamente inservibles. El ser humano básicamente es irracional y actúa ciertamente a veces de forma irracional.

Los postulados anteriores no solo aplican para unas ideas o posturas; sino también para quienes plantean una reforma del rumbo de las naciones – al menos no paras los hombres que abogan por la libertad-; sino que también para aquellos que buscan la imposición de nuevas ideologías y formas.

Las personas amantes de la libertad y de demostrada acción por la libertad utilizan las herramientas que las democracias liberales han creado. El poder del voto o de libre asociación política son dos de los principales. También existen los recursos de revocatoria u oposición ante tribunales superiores.

Los liberales ceden de forma unilateral las calles para la izquierda, porque la forma también dice mucho de quien pretende lograr un objetivo. El fin no justifica los medios; a menos que sea la guerra.

Esto también se aprecia claramente en las llamadas redes sociales donde ante gobiernos impopulares o medidas antidemocráticas, las masas se ensalzan en discusiones y críticas que no contribuyen en absolutamente nada para la sociedad. ¿Cuándo un político, un juez, o un país ha cambiado de pensar o de rumbo por lo que diga una persona o grupo de personas en las redes sociales? Nunca.

Las discusiones en las redes sociales como en las calles son inútiles; porque justamente esa mismas personas cada cuatro años, van y eligen a los mismos que hoy vituperan.

El pensador liberal Thomas Sowell ha resumido de forma tan clara la inutilidad de estas formas que no queda espacio a nada:

La belleza de no hacer nada es que puedes hacerlo a la perfección. Sólo cuando haces algo es casi imposible hacerlo sin errores. Por esta razón, personas que no aportan nada a la sociedad, excepto sus constantes críticas, se sienten tanto intelectual como moralmente superiores

Thomas Sowell

Y también se conoce con una enorme certeza de que las masas reunidas responden a los intereses personales de sus dirigentes. Los lideres sindicales, los movimientos de minorías y otros tantos grupos suelen utilizar a las masas para lograr aumentar su cuota de poder.

Al fin de cuentas lo que se busca en estas manifestaciones es el poder. Sea para un fin o para otro.

En el caso de las huelgas, las cuales son casi siempre posibles en el sector público también representan el autoritarismo de las hordas por mantener o incrementar sus beneficios a costillas de los demás.

En el sector privado si no te gusta tu trabajo porque no te pagan el dinero que consideras justo, o bien porque tus expectativas son superiores a lo que te está ofreciendo tu patrono tienes dos opciones: hablas con tu jefe y le pides que mejore las condiciones o bien renuncias y te vas a buscar otro empleo que sí te ofrezca las condiciones que requieres según lo que ofreces.(*)

Las huelgas en cambio, tan comunes en poblaciones que abrazan el socialismo progresista son la muestra más descarada de cómo sectores de la sociedad viven a expensas de otros.

Los argumentos en favor de estas huelgas siempre son los mismos: si no fuera por las huelgas tú no tendrías derechos sociales, vacaciones, pensión de retiro, acceso a la salud, educación y más. Como si todas estas cosas no se pagaran con el dinero que el Estado roba al que produce para distribuirlo a un altísimo costo entre quienes no producen.

Las huelgas son la fase más impopular en sociedades liberales y demócratas, porque representan la coerción de hordas en contra de los demás. Y como siempre, lideradas por los mismos que viven de las masas: los sindicalistas.

Las manifestaciones, huelgas y demás protestas callejeras no sirve de mucho, cuando el ser humano es irracional y pone a los menos aptos en puestos de poder. Es la eterna historia de la humanidad. El creer que alguien más debe estar dirigiendo tu vida y siempre siempre, el más inepto de entre todos.

Más

*En ello radica la belleza del sistema capitalista, de que permite que aquella empresa que no ofrece mejoras en las condiciones a sus empleados, el empleado tiene un poder valiosísimo que es el renunciar o bajar la productividad. Al renunciar o bajar la productividad, le estás generando una pérdida de eficiencia a tu patrono porque gana menos dinero o incluisve llegará a perderlo. Y ninguna empresa o patrono se puede dar el lujo de ser ineficiente en un mundo donde la competencia reina. Si tu patrono no te aumenta el salario o mejora las condiciones de sus empleados, puede irse a la quiebra. Esto mismo es también lo que comprueba que el estatismo es ineficiente porque priva al mismo Estado en poder despedir a aquellos empleados que son improductivos o ineficientes. Para un empleado público hacer bien, hacer a medias, hacer mal o definitivamente no hacer sus tareas, no representa nada, porque quincena a quincena, mes a mes le llega su salario. ¿Es que acaso no es evidente el fallo en el sistema del empleo público?

Bibliografía

Marx, K & Engels,F. Manifiesto Comuista. 1848, páginas: 40, 44, 50

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