Llegaron los tiempos en que hay que replantear las relaciones con China


“El maestro dijo: «venerar a dioses que no son vuestros es servilismo. No actuar cuando lo exige la justicia es cobardía»”
-Confucio

Hay cosas que solo salen a flote en medio de la tragedia y una de ellas es la mezquindad, veamos los casos de un sector de los medios de comunicación estadounidense que a lo largo de semanas han atacado ferozmente al Presidente Donald Trump tras este haber dicho que el SARS-Cov-2 es un virus chino.

Han faltado pocos miembros del ala progresista socialista de la sociedad que no se hayan ido encima de Trump, empleando siempre el mismo discurso: “racista”, “supremacista”, “ignorante” y muchos otros adjetivos más. Ya no sorprende que medios de comunicación han optado por tomar partido en detrimento de la razón. Sí causa dolor ver el cómo también a esta tendencia se suman personas del mundo académico, auto desvirtuando su propio status intelectual básico.

Y es que llamar virus chino a un virus que tuvo su origen justamente en China no tiene relación alguna con el tema del racismo, porque si esto fuese así ¿a cuál de las más de sesenta etnias que conforman China se refieren? El virus no se originó en Londres, Paris o Washington, no; el virus se originó en China tal y como ha quedado demostrado en diversas investigaciones tanto periodísticas como científicas.

EL ORIGEN DEL VIRUS MUESTRA QUE CHINA ES UN RIESGO

Andersen, Rambaut, Lipkin, Holmes y Garry han demostrado recientemente en un artículo publicado en Nature que el virus SARS-Cov-2 no fue construido en un laboratorio o manipulado a propósito, puesto que las hipótesis conspirativas han llegado al extremo de decir que EE.UU. es el creador de la peste.

Sí señalan estos investigadores que el origen del virus se debe a dos posibles vías, la primera por mutación por selección natural del virus en un animal hospedero o bien, la selección natural del virus por medio de la transferencia por zoonosis.

Bajo estas dos teorías, uno de los mejores ambientes en que esto puede ocurrir son los mercados de animales salvajes chinos, donde millones de personas siguiendo sus tradiciones ancestrales consumen productos tan desagradables que harían vomitar a cualquier persona, excepto a los chinos.

Las imágenes virales pretenden mostrar a una joven china de moda que muerde una de las alas de un murciélago cocido en un elegante restaurante. El coronavirus mortal podría provenir del animal. Fuente: https://www.dailymail.co.uk/

Estas costumbres chinas no son exclusivas de Wuhan, sino que se extienden por todo el país, el cual aún reniega de la medicina moderna y se aferra a las creencias y a la fe. Todo está muy bien en el sentido en que mantener las tradiciones culturales es lo que diferencia a los pueblos; pero cuando esas tradiciones ponen en riesgo la salud del mundo entero, ya es cosa seria. ¿Estamos seguros de que la humanidad en aras del comercio podemos permitir que una nación ponga en riesgo a la humanidad completa? Seamos sensatos, no estamos ante un problema de racismo o xenofobia; la complejidad y peligrosidad del asunto supera en demasía la ficción.

La dictadura comunista china, segada por su complejo de superioridad y por su afán de convertirse en la superpotencia mundial, pone en riesgo no solo la economía mundial, sino además la supervivencia de la especie humana.  

El paisaje catastrofista que desde principios del siglo XX se pintaba con una posible extinción de la humanidad ya no parece tan lejano. Primero creíamos que esta iba llegar con una tercera guerra mundial y la hecatombe nuclear, pero tras el virus chino nos queda claro que la irresponsabilidad y las ansias de poder de China son más peligrosas que la carrera armamentista. A la próxima, quizás sea el fin del ser humano. ¿Estamos dispuestos a asumir ese riesgo? ¿Qué vamos hacer para evitarlo? Son preguntas que estoy seguro los grandes estadistas del mundo ya empezaron a hacerse.

MADE IN CHINA

Para muchos esta sencilla frase ya denota una sola cosa: mala calidad. Hoy vemos cómo España es estafada al comprar millones de test para diagnosticar el coronavirus a China y no sirven pues dan falsos negativos. Holanda devuelve 600 000 mascarillas a China porque están mal fabricadas, Belgica Alemania, Turquía, República Checa y Ucrania también han sido timadas con los productos chinos para atender la emergencia, pues no sirven y no son confiables.

Hemos tenido que llegar a este extremo para terminar de comprobar lo que ya sabíamos. Los productos chinos son de muy baja calidad, tanto que en cuestiones de salud ponen en riesgo a las naciones. Y estamos claros que no es lo mismo decir productos chinos con estándares chinos, que productos estadounidenses o europeos fabricados en china con estándares estadounidenses o europeos. Los productos chinos son baratos porque son de bajos estándares. Ni más ni menos.

La dictadura comunista parece importarle poco los perjuicios que está causando al mundo su irresponsabilidad, y para lavarse las manos, siempre tiene una estrategia: la mentira, pues siempre alguien más es el culpable, pero ellos nunca.

¿Hasta cuando las naciones vamos arriesgarnos a permitir que China continúe estas prácticas o permitiéndose continuar con tradiciones alimenticias y el mundo seguir comerciando con ellos?

Esta respuesta no está en China, sino en el mundo civilizado. Hemos llegado a los tiempos en que el mundo debe poner unas reglas claras a China o a cualquier otra nación que con la ambición de convertirse en una superpotencia mundial sean capaces de poner en riesgo la supervivencia de la humanidad misma.

¿Quién se va responsabilizar económicamente por las decenas de miles o millones de personas que van a fallecer producto del virus chino? No veo a China dispuesta siquiera a pensarlo, mas aún cuando es capaz de vender aditamentos para tratar la enfermedad de la cual solidariamente son responsables, y ganar millones de dólares y para colmos, son productos que no sirven. ¿Es esto moral?.
Si bien es cierto que la economía mundial está en receso y las potencias como EE.UU. y la UE llegaron a niveles de actividad económica muy por debajo de la crisis de 2008, estas pérdidas tendremos que asumirlas todos como pago por nuestra irresponsabilidad al no exigirle a China que asuman su propia responsabilidad. Lo barato a la larga sale caro.

EE.UU. y la UE deberán asumir el rol de justicieros del mundo, por medio de los mecanismos actuales o de los que sean necesarios crear; las demás naciones harán bien en seguir los pasos de estos. Total, acá lo que importa es el bienestar del ser humano pero no a costillas de la muerte de millones de personas. No actuar cuando lo exige la justicia es cobardía. ¿Verdad?.