Dos siglos después de la emancipación de Centroamérica, ningún país alcanza la riqueza de España


Este 15 de septiembre se cumple el bicentenario de la emancipación de la Audiencia de Guatemala y no hay una sola república centroamericana que tenga el mismo nivel de España; inclusive ningún otro actual país que formó parte del imperio español lo tiene aún.

Inclusive en el informe de Transparencia Internacional acerca de percepción de la corrupción en la función pública, queda en evidencia que lejos de asomarse un mejor gobierno de los dineros públicos y del sistema democrático en las nuevas repúblicas, ocurre todo lo contrario, puesto que ni una sola de las cinco naciones se acerca siquiera a ser llamada una nación donde se respeten las leyes.

Guatemala se ubiica en el puesto 149, El Salvador en el 104, Honduras es 157, Nicaragua es 159 y Costa Rica en el puesto 42. Todas muy por debajo de España (puesto 32 menos corrupta que Corea del Sur en el puesto 33).

El irrespeto a la propiedad privada es lo que más ha crecido en todas las repúblicas que una vez formaron parte de España en América, y todo hace indicar que mas bien se ha fomentado el afianzamiento de élites corruptas y de empleados públicos que hacen más pesada la carga de los ciudadanos haciendo que no se pueda salir de este circulo pérfido.

¿Cuál es el panorama?

No muy halagüeño y más aún tras la crisis generada por la implantación de políticas socialistas extremas y para colmos la recesión global provocada por las fuertes cuarentenas impuestas por las élites políticas para tratar de apañar la pandemia del virus chino de 2019. Así por ejemplo, el panorama de recuperación económica para la región es malo.

Los cinco países de Centroamérica aún no terminan de desencantarse con las recetas de antaño y apuestan a renovar viejas élites políticas para que tomen el control de sus naciones y con ello enfrentar la aguda crisis estructural que enfrentan.

Bajo este panorama se recibirá el bicentenario de la independencia de Centroamérica, con quasi comunistas en el poder, pequeños dictadores y una recalcitrante y agresiva puesta en escena del nuevo progresismo quienes al ver que el discurso pro difusión de los fetiches sexuales LGTBI ya no causa impacto en la sociedad, lo renuevan con el agudo feminismo de escritorio con el cual buscan una vez más perpetuarse en el poder y a partir de allí asegurar sus ya conocidos privilegios.

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