El mundo que se nos viene: (Parte II) América Latina


Si como vimos en la primera parte de El Mundo que se nos viene, las condiciones globales se asemejan mucho a los años previos a la Primera Guerra Mundial, el panorama para América latina no es muy alentador.
Luego de la crisis económica originada en la pandemia del coronavirus, la región sigue y seguirá cojeando con el mismo pie: nuestra debilidad por el socialismo y por los políticos demagogos y corruptos.
Las instituciones, en la mayor parte de la región latinoamericana no funcionan como debieran, y hasta hace muy poco sólo se contaba con el caso medianamente exitoso de Chile donde todo parecía indicar que las instituciones estaban funcionando, pero luego del Putsch comunista de octubre de 2019 cuyo contagio llegó afectar a todas las instituciones chilenas, tal parece que el panorama no es alentador inclusive para el país más desarrollado y más liberal de la región.

El barranco de la región

El principal escollo que enfrenta la región es el avance de las ideas de igualdad y justicia social que enarbola la izquierda, por la sencilla razón de que el socialismo es ignorante del funcionamiento de la economía. El socialismo busca siempre un enemigo a quien culpar y a quien destruir y es al capital y a todos aquellos que puedan contar con ahorros suficientes para subsistir.

Jimmy Stewart. ©Liberty Films. 1946

Si bien la pandemia del Coronavirus hizo mella en la economía regional, esta no se compara con el efecto lento pero progresivo de las cargas tributarias que los socialistas imponen en todas las sociedades en las cuales se hacen con el poder. Uno de los casos más recientes el argentino, donde la crisis económica ha crecido tanto que no se podría distinguir un antes y un después de la pandemia. El socialismo ha minado todo estado de bienestar allí donde el capital había permeado gracias a las libertades.

Ya el Banco Mundial predijo que tras el nefasto año 2020, el Producto Interno Bruto de América latina y el Caribe caería un 4,6%, y que tras el efecto de rebote económico previsto para el 2021, tan solo se recuperaría un 2,6%.

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Esta recuperación será significativamente mucho menor en naciones altamente controladas por políticos y políticas socialistas, las cuales siguen apostando a mantener los mismos niveles de impuestos o bien aumentarlos (caso de Costa Rica), lo cual evidentemente reducirá el nivel de crecimiento previsto por el Banco Mundial a niveles desconocidos.

Inclusive, países como México y Ecuador tendrán un desplome del PIB de hasta un 6%, seguidos por Brasil y Argentina con un 5%.

Ante esta debacle, tememos que el camino elegido por buena parte de los países de la región pueda ser una vez más, el de profundizar en el socialismo, ya que al aumentar la pobreza, la clase política socialista aprovechará el momento para culpabilizar al capital y a los emprendedores a través de cargas sociales e impuestos. Mientras tanto se fomente el empleo público y el crecimiento del aparato burocrático.

En este sentido, la pandemia podría representar un detonante para países que cortejaban con el socialismo, haciendo que nazca el romance tóxico que ya sabemos muy bien cómo termina: en una crisis peor.

Una regla general es que la debacle económica golpeará más a aquellos países donde la socialdemocracia-socialismo está en el poder, pues la población no solo tiene que hacerle frente a la pandemia, sino además a las políticas que reprimen la libertad económica y aseguran ingresos a quienes no producen nada.

El mayor peligro

Mirando de lejos la crisis económica de la región, el mayor peligro que enfrenta Latinoamérica y el Caribe y el mundo entero, es el aumento del poder de la clase política que ha gustado llamarse comúnmente: Estado.

En las últimas semanas y meses, la clase política ha incrementado sustancialmente su poder en detrimento del individuo amparado en una campaña que si bien es cierto utiliza un enemigo real (el coronavirus), no ha hecho más que limitar las libertades individuales y destruir la libertad económica.

Jimmy Stewart. ©Liberty Films. 1946

Resulta paradójico que la clase política que es reconocida por estar trabajando en su auto enriquecimiento, de la noche a la mañana está empeñada en salvar a los individuos de una muerte por neumonía. ¿Desde cuándo a los políticos les importa que un ciudadano muera? Es una interrogante sin respuesta.

Ingenuamente, se propaga una idea en todo el mundo, de que la clase política llamada Estado, está haciendo todo lo posible por buscar el bienestar de las personas y salvar vidas.

Quienes son de esta idea, son aquellos mismos a quienes la clase política a través del aparato represor del Estado, los veja con nuevos impuestos, leyes injustas o en el trato desigual ante la ley.

La pandemia ha hecho disminuir la cantidad de feligreses en las religiones teístas, mientras que la ha aumentado en la religión secular del Estado. Esto es así porque repentinamente los feligreses de las religiones teístas se han volteado hacia los consejos “científicos” que los políticos dan a través de sus ayudantes. Hoy en día creer en un Dios sobrenatural no asegura ninguna ventaja por sobre otras religiones o culturas; porque idependiente de la religión que se tenga, la gente muere igual. Estamos ante un milagro de proporciones bíblicas: los políticos se han vuelto científicos de la noche a la mañana.

En países como Argentina, Perú o Costa Rica aparecen cada día más personas que sin saberlo están llamando a que la clase política controle sus vidas y las vidas de los demás. Una dictadura amparada en la frase “es por nuestro bien”. Y quien se oponga a estas ideas, es automáticamente catalogado como un enemigo público y sobre él caerá todo el peso de la ley. Una ley hecha por minorías y amparada por los mecanismos de la democracia.

Jimmy Stewart, Donna Reed y varios. ©Liberty Films. 1946

¿Está la población consiente de todo esto? En definitiva solo una pequeña parte de la gente es consiente y usa la razón. Pocos valientes han alzado la voz sin temor a ser perseguidos o ridiculizados.

Estamos quizás ante una visión utilitarista peligrosa de la realidad política, muy similar a la planteada por Jeremy Bentham, para el cual la gente acepta la ley porque requiere felicidad y seguridad. Pero ¿qué felicidad puede haber en el vivir como esclavo de las decisiones de la clase política solo porque “es por nuestro bien”.? ¿Desde cuándo los políticos saben qué es lo mejor para el individuo? ¿Puede haber paz sin libertad? En definitiva no. Lo único que puede provenir de todo esto, es impotencia en el individuo por no poder decidir por sí mismo lo que es bueno para su vida y para los suyos, porque ya alguien más decidió por él: los políticos y los feligreses de la región secular del Estado.

Ningún panorama que vislumbremos para América latina y el Caribe puede ser alentador si no se logra poner un límite al avance del omnipotente Estado que no es mas que la clase política.